
Alicia siempre fue algo peculiar. Ocultaba algo que ni ella misma sabía, aunque de alguna forma lo intuía levemente.
La costumbre invadió pronto sus días, pero sus noches resistieron los golpes. Así, el insomnio también la visitó pronto. Al principio la falta de sueño le causaba terribles ataques de pánico, que Alicia sufría en soledad por no molestar a los mortales. Se quedaba allí, sentada en medio de una interminable cama recogida entre sus brazos, mientras un silencio absoluto asfixiaba el ambiente. Sus ojos grandes y abiertos recorrían las paredes sin cesar, y su cerebro enviaba intermitentes visiones que desataban intensos escalofríos.
Una noche, Alicia comenzó a ver las cosas desde otra perspectiva. La estricta madurez que le era exigida durante el día le descubrió aquella noche las puertas de un extraño mundo de exquisita perdición.
Alicia lo ocultaba, era su secreto. Empezaba a ser consciente de ciertas desviaciones sociales, mentales, extracorporales... que invadían constantemente su cabeza queriendo salir a la luz del sol. Pero Alicia las reprimía. A veces le costaba horrores, pero sabía que cada noche podría huir de este mundo a los lugares más insospechados. Lugares generalmente inóspitos, aunque en ocasiones poblados de seres u objetos variopintos con los que conversar.
Alicia anhelaba estos viajes desde que se levantaba de su interminable cama. Soñaba con mundos que sólo ella conocía, que sólo ella inventaba y que ella creia que nadie entendería.
Sin embargo los días de Alicia eran cada vez más difíciles. Su ligera sociopatía heredada le obligaba cada vez más a fingir un papel ajeno. Y así la esencia de Alicia se iba haciendo más y más pequeña. Alicia se veía a así misma alejándose por un camino infinito hasta que finalmente sus noches quedaron vacías.
Alicia ya no era nada, era un ser programado que respondía correctamente a los estímulos sin pensar ni cuestionar nada. Y aunque sus respuestas eran plásticas nadie nunca se dió cuenta. Alicia siempre quisó pasar inadvertida pero ahora estaba ya a punto de desaparecer.
Un día Alicia se encontraba en un parque cercano a casa rodeada de unos cuantos mortales comunes. Pero de repente algo sútilmente despertó en su interior. Se preguntó extrañada qué ocurría y advirtió entonces, a su derecha, una pequeña Oruga irreverente que escupía sin parar palabras malsonantes y sabias reflexiones.
Alicia recreó de nuevo a la Oruga cuando llegó aquella noche a casa. No la había entendido por completo, pero sentía una enorme necesidad de conocerla, de aprender todo aquello que ese insecto lepidóptero pudiera enseñarle. Y fue entonces, en mitad de la noche y de su interminable cama, cuando Alicia reencontró de nuevo el camino a sus sueños.
La Oruga apareció de nuevo al día siguiente, y al otro, y al otro, y al otro también... Y las noches de Alicia volvían a llenarse de fantasía y sensaciones extraordinarias que la mantenían viva otra vez.
Sin embargo sus días empeoraban por momentos y fue así como descubrió lo importante que era esa Oruga para ella, pues aquel insecto era ahora su mejor y único amigo. Conversaban durante horas, envueltos en la oscuridad y rodeados de humo. Y Alicia aprendía de ese pequeño ser todo lo necesario para enfrentarse al mundo. Aunque seguía fingiendo los días y descubriendo las noches.
Una noche la Oruga le dió a Alicia un ultimatum. Está muy bien viajar -le dijo- ...pero si sólo vives por la noche, tendrás la mitad de tiempo que el resto del mundo... Alicia la miró desafiante, no le importaba vivir menos, pues sabía que sus mundos sólo existían en la oscuridad de la noche y así le respondió a la Oruga... Pero es que no existe nada que merezca la pena de día, todo está vacío, desierto, todo es superficial y sistemático...
La Oruga la miró apaciblemente, esperando... ¿Qué ocurre? ¿Y ahora por qué no dices nada? - preguntó Alicia- ... Siempre tienes respuestas para todo y ahora te quedas callado de repente, ¿Y qué he de hacer ahora? ¿No vas a explic...?
Alicia se quedó petrificada antes de poder acabar la pregunta. Estaba tan ocupada discutiendo lo horribles que eran los días, que no se había dado cuenta de que estaba amaneciendo, de que los primeros rayos del alba invadían su mundo sin que éste se desmoronase como de costumbre.
Y así fue como Alicia aprendió a viajar también de día...
La costumbre invadió pronto sus días, pero sus noches resistieron los golpes. Así, el insomnio también la visitó pronto. Al principio la falta de sueño le causaba terribles ataques de pánico, que Alicia sufría en soledad por no molestar a los mortales. Se quedaba allí, sentada en medio de una interminable cama recogida entre sus brazos, mientras un silencio absoluto asfixiaba el ambiente. Sus ojos grandes y abiertos recorrían las paredes sin cesar, y su cerebro enviaba intermitentes visiones que desataban intensos escalofríos.
Una noche, Alicia comenzó a ver las cosas desde otra perspectiva. La estricta madurez que le era exigida durante el día le descubrió aquella noche las puertas de un extraño mundo de exquisita perdición.
Alicia lo ocultaba, era su secreto. Empezaba a ser consciente de ciertas desviaciones sociales, mentales, extracorporales... que invadían constantemente su cabeza queriendo salir a la luz del sol. Pero Alicia las reprimía. A veces le costaba horrores, pero sabía que cada noche podría huir de este mundo a los lugares más insospechados. Lugares generalmente inóspitos, aunque en ocasiones poblados de seres u objetos variopintos con los que conversar.
Alicia anhelaba estos viajes desde que se levantaba de su interminable cama. Soñaba con mundos que sólo ella conocía, que sólo ella inventaba y que ella creia que nadie entendería.
Sin embargo los días de Alicia eran cada vez más difíciles. Su ligera sociopatía heredada le obligaba cada vez más a fingir un papel ajeno. Y así la esencia de Alicia se iba haciendo más y más pequeña. Alicia se veía a así misma alejándose por un camino infinito hasta que finalmente sus noches quedaron vacías.
Alicia ya no era nada, era un ser programado que respondía correctamente a los estímulos sin pensar ni cuestionar nada. Y aunque sus respuestas eran plásticas nadie nunca se dió cuenta. Alicia siempre quisó pasar inadvertida pero ahora estaba ya a punto de desaparecer.
Un día Alicia se encontraba en un parque cercano a casa rodeada de unos cuantos mortales comunes. Pero de repente algo sútilmente despertó en su interior. Se preguntó extrañada qué ocurría y advirtió entonces, a su derecha, una pequeña Oruga irreverente que escupía sin parar palabras malsonantes y sabias reflexiones.
Alicia recreó de nuevo a la Oruga cuando llegó aquella noche a casa. No la había entendido por completo, pero sentía una enorme necesidad de conocerla, de aprender todo aquello que ese insecto lepidóptero pudiera enseñarle. Y fue entonces, en mitad de la noche y de su interminable cama, cuando Alicia reencontró de nuevo el camino a sus sueños.
La Oruga apareció de nuevo al día siguiente, y al otro, y al otro, y al otro también... Y las noches de Alicia volvían a llenarse de fantasía y sensaciones extraordinarias que la mantenían viva otra vez.
Sin embargo sus días empeoraban por momentos y fue así como descubrió lo importante que era esa Oruga para ella, pues aquel insecto era ahora su mejor y único amigo. Conversaban durante horas, envueltos en la oscuridad y rodeados de humo. Y Alicia aprendía de ese pequeño ser todo lo necesario para enfrentarse al mundo. Aunque seguía fingiendo los días y descubriendo las noches.
Una noche la Oruga le dió a Alicia un ultimatum. Está muy bien viajar -le dijo- ...pero si sólo vives por la noche, tendrás la mitad de tiempo que el resto del mundo... Alicia la miró desafiante, no le importaba vivir menos, pues sabía que sus mundos sólo existían en la oscuridad de la noche y así le respondió a la Oruga... Pero es que no existe nada que merezca la pena de día, todo está vacío, desierto, todo es superficial y sistemático...
La Oruga la miró apaciblemente, esperando... ¿Qué ocurre? ¿Y ahora por qué no dices nada? - preguntó Alicia- ... Siempre tienes respuestas para todo y ahora te quedas callado de repente, ¿Y qué he de hacer ahora? ¿No vas a explic...?
Alicia se quedó petrificada antes de poder acabar la pregunta. Estaba tan ocupada discutiendo lo horribles que eran los días, que no se había dado cuenta de que estaba amaneciendo, de que los primeros rayos del alba invadían su mundo sin que éste se desmoronase como de costumbre.
Y así fue como Alicia aprendió a viajar también de día...

